Le dijo Jesus: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. (Juan 11:25)

Elaborando una predicación interesante

La Biblia no es aburrida. Es relevante. Pero yo tengo que poner de mi parte para que la predicación sea tan relevante como la Biblia, porque quiero que las personas se vayan diciend:, “¡Claro! ¡Ahora lo veo!”, en vez de “¿Y a ml qué?”.
Stuart Briscoe


Las personas se despistan por muchísimas razones; la mayoría de las veces, por razones legítimas, pero otras no.

Muchos tienen el corazón quebrantado. Otros, no están contentos con su puesto de trabajo. O su hogar está muy lejos de lo que había soñado. O tiene problemas económicos. O tiene un trabajo que le exige demasiado. Cuando las personas vienen a la iglesia, vienen con sus problemas y sus pensamientos borran las ganas de comer del menú de Dios. Mi tarea como predicador es embriagar a los agobiados con el aroma del Evangelio.

Por tanto, cuando predico, todo el rato voy pensando: ¿Cómo voy a mantener y usar la poca atención que estas personas me están prestando? Y no me la prestan durante demasiado tiempo. Cuando escucho las conversaciones de los hermanos a la salida de la iglesia, me sorprendo al ver lo rápido que se puede pasar de la adoración divina a hablar del partido del día anterior, o del partido que va a perder las elecciones. Así que una de mis responsabilidades principales de la semana es captar la atención de la congregación mediante la predicación.

En consecuencia, paso la predicación por el test del indiferente. La Biblia no es aburrida. Es relevante. Pero yo tengo que poner de mi parte para que la predicación sea tan relevante como la Biblia, porque quiero que la gente se vaya diciendo: “¡Claro! ¡Ahora lo veo!”, en vez de “¿Y a mí qué?”.

Predicando a la mente

La Teología es un reto para nuestro intelecto. Admito que no todos los miembros de iglesia son unos entusiastas de la misma. Quizá ése sea el problema: no se han parado a analizar la cosmovisión – la filosofía de vida – que hay detrás de su estilo de vida. Así que cuando predico, intento de algún modo que las personas piensen un poco en este nivel conceptual.

Cuando predico, intento que los oyentes trabajen la mente. Así lo hice en la serie sobre el credo apostólico cuando llegué a la parte donde dice: “Creador del Cielo y de la Tierra”. En las sociedades occidentales se tiende a ver el Universo como un sistema cerrado que se rige por una serie de leyes empíricamente discernibles. Entonces, ¿dónde encaja la expresión “Creador del Cielo y de la Tierra”? Como nuestra sociedad está llena de naturalistas y materialistas, creo que es necesario explorar una alternativa a la teoría de que el Universo es un sistema cerrado. Logré captar la atención de mis oyentes combinando en mi predicación la ciencia y la física teórica con una teología sólida.

No podemos perder la oportunidad de llegar a la mente de las personas, así que hemos de esforzarnos en esta tarea. Cuando logramos que conecten con lo que les explicamos, y su comprensión de las cosas aumenta, ya hemos dado un paso más para que presten una mayor atención al Evangelio.

Predicando a la voluntad

Cuando predico para llegar a la voluntad de las personas, espero una respuesta. Lo que quiero es que los oyentes actúen a la luz de lo que han oído. Como pastor, suelo ser menos duro y exigente cuando predico en mi iglesia que cuando predico en una iglesia que no es la mía. Eso es así porque voy a pasar muchos años con los miembros de mi congregación, y después de cada predicación aún me quedan más oportunidades.

Normalmente es preferible ver pequeños movimientos en la dirección adecuada, que uno o dos pasos gigantescos. Parece ser que la voluntad de las personas avanza de forma gradual. Así que intento escoger palabras e ilustraciones que propician el movimiento, por lento que éste sea, en la dirección deseada. Intento hacerlo de forma positiva. Por lo general, las personas responden mejor ante unas palabras de ánimo que ante un desafío. La mayoría reaccionamos mejor cuando nos animan y nos inspiran, que cuando nos dan una patada o un empujón. Por tanto, intento darle a la personas bocados sabrosos para que tengan ganas de seguir con el banquete.

Cuando predico un mensaje evangelístico dirigido a la voluntad, quiero que las personas entiendan que el arrepentimiento no tiene por qué ser un enorme salto, sino que puede ser un paso sencillo aunque, obviamente, por sencillo que sea, debe darse.

La voluntad es una criatura astuta. A veces hay que animarla y, otras, lanzarle un desafío. La tarea de la predicación que pretenda llegar a la voluntad es encontrar qué tipo de estimulación funciona mejor con la congregación a la que se está predicando.

Predicando a las emociones

Algunos se quejan de que hay predicadores que solo apuntan a las emociones, olvidándose de la mente y, así, manipulan a la gente. Pero yo no suelo tener ese problema. Por mi forma de ser, más bien suelo olvidar las emociones. Una predicación puramente intelectual puede ser extraordinariamente árida y aburrida. Las emociones pueden darle vida. Los seres humanos se identifican con ellas y, por eso, si las tenemos en cuenta en nuestras predicaciones, será más fácil que respondan.

Para mí el humor también es importante, porque hace que las emociones surjan. Ahora, es cierto que el humor puede ser un buen aliado, pero también, un amigo inconstante que nos puede acabar decepcionando. Pero si la definición que Philip Brooks hace de la predicación es correcta – que la predicación es una verdad comunicada a través de la personalidad – entonces yo tengo que comunicarla a través del humor, porque yo disfruto el humor.

Una vez, en una predicación hablé de un supuesto informe que una consultoría laboral envió a Jesús. El informe evaluaba la aptitud de los discípulos. Como era de esperar, dejaba por los suelos a la mayoría – trasfondo humilde, estatus social bajo – pero alababa el gran potencial de uno de ellos: Judas. La gente se rió, porque percibieron la ironía. Haciendo uso del humor, pude transmitir lo que quería transmitir: aquellos discípulos de trasfondo humilde y sin ninguna preparación fueron transformados por la Resurrección, y se convirtieron en hombres valientes y tuvieron un papel destacado.

El humor también sirve de respiro. Después de un rato, la mente de las personas necesitan un descanso, y el humor, bien usado, nos puede ser de mucha ayuda. Después de un momento de risa, la congregación ya está lista para recibir más contenido. O cuando algo interrumpe el sermón, como por ejemplo un fuerte estornudo, un comentario en clave de humor puede servir para volver a captar la atención de los oyentes.

Si no predico para llegar a las emociones, no llegará a una buena parte de la persona que tengo delante. Las personas se traen esa parte a la iglesia; no se la deja en casa. Así que, lo menos que puedo hacer, es tenerla en cuenta cuando confecciono la predicación.

Sé un predicador interesante

En la Biblia hay mucho más de lo que yo pueda cubrir jamás, así que nunca me he encontrado en la situación de pensar que ya no tenía más sobre lo que predicar. Pero lo cierto es que a veces sí me he sentido como si mi predicación no estuviera llevándonos a ningún lado. En alguna ocasión, en medio de una serie de predicaciones, me he dicho a mí mismo: ¡Stuart, qué aburrido está resultando! ¡Tienes que salir de aquí rápido, antes de que el daño sea mayor!

En esos momentos me pregunto: ¿Seré yo el problema? Quizá estoy cansado. Quizá necesito una renovación. Quizá tengo demasiadas cosas en la cabeza. Normalmente, una siesta de media hora pone punto y final a esa preocupación.

También me pregunto: ¿No estoy presentando bien el contenido bíblico? ¿Lo estoy convirtiendo de forma inconsciente en algo poco interesante? Quizá no me he tomado el tema que estoy tratando suficientemente en serio. Y eso hace que sea aburrido, tanto para mí, como para los oyentes. Si es así, tengo que trabajar más duro para presentar el tema desde otra perspectiva más refrescante. Cuando descubro un aspecto provocador de un texto, entonces me resulta más fácil hacer que la congregación se interese en lo que tengo que decir. Concluyendo, creo que si quiero que mis predicaciones sean interesantes año tras año, tengo que lograr que mi mente se mantenga interesante. Ésa es una tarea en la que todo predicador debe trabajar de forma constante.

Las ideas me estimulan. Me encanta hablar con los miembros cuando empiezo a estancarme. A veces hablo de teología profunda con algún profesor, y otras me siento con un jugador de fútbol y le oigo hablar de lo mucho que le cuesta recuperarse físicamente después de un partido. Todo me resulta interesante y estimulante.

Las conversaciones me ayudan a seguir entusiasmándome por la vida de las personas y por la fe. También son una fuente de historias interesantes para las predicaciones, porque me mantienen al día. Con frecuencia, las conversaciones tienen mucho que aportarnos.

Lo que para mí es interesante, no siempre lo es para la congregación. Por tanto, tengo que hacer el ejercicio de pensar qué interesa a los demás. Eso no es muy complicado; de hecho, después de muchos años de práctica soy capaz de entender los gustos de mi mujer y mis hijos. Solo tengo que escuchar con atención, y así descubro qué cosas interesan a las personas que no son exactamente como yo.

Resumiendo, me gusta interesarme por aquello que a las personas les interesa. No tengo por qué estar de acuerdo. No tengo por qué dejar que esos intereses controlen mi vida. Pero para mí es importante entender los intereses de las personas y así poder hablar en su propio idioma. Si quiero decir algo que resulte interesante para mis oyentes, tengo que saber qué cosas les atraen y captan su atención.

 
 

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