Le dijo Jesus: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. (Juan 11:25)

Hermanos, Oremos

(Cap. 8; Hermanos no somos profesionales. John Piper)

 

 

La oración es el empalme de nuestros débiles cordeles con los relámpagos de Dios. Resulta demasiado asombroso que Dios quiera cumplir sus propósitos mediante nuestras oraciones. “Dios ama el bendecir a su pueblo. Y lo que es más, Él ama el hacerlo en respuesta a la oración.”.

Por ejemplo él dijo en Mt. 9:38 «Rogad… al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies» ¿Por qué el dueño de la granja debe pedirle a sus peones que se envié más obreros? Porque simplemente hay una cosa que agrada a Dios y es bendecir a su pueblo; pero le agrada mucho más bendecir a su pueblo en respuesta a su oración.

Un grito de ayuda de un pastor semejante a un niño es una dulce alabanza a los oídos de Dios, nada lo alaba más que el derrumbe de la independencia de un pastor en busca apasionada de ayuda, «Invócame en el día de la angustia; te

libraré, y tú me honrarás» (Sal. 50:15).

Muy aparte que simplemente nuestras inútiles acciones dependen de un Dios que pueda darles sentido. La oración es miles de palabras resumidas en “Fuera de mi nada podéis hacer”, todas las cosas que hacemos día a día, estudiar, hacer los quehaceres del hogar, trabajar, preparar sermones sin la oración es “Fuera de mi nada podéis hacer”.

A. C. Dixon dijo:

Cuando dependemos de las organizaciones, recibimos lo que las organizaciones pueden lograr. Cuando dependemos de la educación, recibimos lo que la educación puede lograr. Cuando dependemos de los hombres, recibimos lo que los hombres pueden lograr. Pero cuando dependemos de la oración, recibimos lo que Dios puede lograr.

Cuan poco tiempo dedicamos a orar en el día. Rehúsese a creer que las horas diarias que Lutero, Wesley, Brainerd y Judson dedicaron a la oración son sueños idealistas de otra era.

¿Satisfacen realmente nuestros calendarios apretados y computadoras portátiles nuestras ansias de vida en Cristo, para no hablar del hambre de nuestro pueblo y del mundo? ¿Acaso nuestros fieles no anhelan acercarse a algún hombre que haya estado cerca de Dios? ¿No es el aroma persistente de la oración lo que da sentido de eternidad a toda nuestra obra?

 

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