Le dijo Jesus: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. (Juan 11:25)

¿Qué es arrepentimiento?

La palabra griega para arrepentimiento es metanoia, de meta, “después” y noeo, “entender”. Literalmente significa “reflexión” o “cambio de mente”. Pero su significado bíblico no acaba ahí. El uso de metanoia en el NT siempre alude a un cambio de propósito y, específicamente, a un abandono del pecado. En el sentido en el que Jesús lo usaba, arrepentimiento requiere el repudio de la vieja forma de vida y acudir a Dios en busca de salvación.

Un cambio de propósito así es lo que Pablo tenía en mente cuando explicaba el arrepentimiento a los tesalonicenses (1Ts 1.9). Nótense los tres componentes del arrepentimiento: volverse a Dios; apartarse del pecado; intento de servir a Dios. Ningún cambio de mente puede llamarse verdadero arrepentimiento sin incluir los tres elementos. El hecho simple, pero demasiadas veces pasado por alto, es que un verdadero cambio de mente da necesariamente por resultado un cambio de conducta.

Arrepentimiento no es simplemente avergonzarse o sentir tristeza por el pecado, aunque el auténtico arrepentimiento incluye siempre el elemento de remordimiento. Es un cambio de dirección de la voluntad humana, una decisión encaminada a abandonar toda injusticia y procurar en su lugar la rectitud. Es un mandamiento a reconocer la pecaminosidad propia y odiarla, volverle la espalda, acudir a Cristo y abrazare con plena devoción.

“El arrepentimiento que Cristo requiere de su pueblo consiste en renunciar definitivamente a ponerle límites a los reclamos que él pueda hacer a sus vidas” (J.I. Packer).

De las tres palabras usadas en los Evangelios (en griego) para describir el proceso, una enfatiza el elemento emocional de pesar, tristeza por la forma pecaminosa de vivir en el pasado (Mt 21.29-32); otra expresa el cambio total de actitud mental (Mt 12.41; Lc 11.32; 15.7, 10); la tercera denota un cambio de dirección en la vida, una meta sustituida por otra (Mt 13.15; Lc 17.4; 22.32). El arrepentimiento abarca todo el hombre: intelecto, voluntad y afectos. El que se arrepiente se vuelve del servicio a las riquezas y del yo al servicio a Dios.

Intelectualmente, el arrepentimiento empieza con el reconocimiento del pecado y la conciencia de que somos pecadores, de que nuestro pecado es una afrenta al Dios santo.

Emocionalmente, el auténtico arrepentimiento va frecuentemente acompañado de un sentimiento abrumador de pesar.

Volitivamente, incluye un cambio de dirección, una transformación de la voluntad. Lejos de ser solamente un cambio mental, constituye un deseo, más bien una determinación, de abandonar la desobediencia obstinada y rendir la voluntad a Cristo. El cambio de conducta no es arrepentimiento de por sí, pero es el fruto que por seguro producirá el arrepentimiento. Donde no hay diferencia observable de conducta, no se puede confiar en que haya habido arrepentimiento (Mt 3.8; 1Jn 2.3-6; 3.17).

El arrepentimiento no es un acto de una sola vez. El arrepentimiento que tiene lugar en la conversión inicia un proceso de confesión progresivo de por vida (1Jn 1.9).

EL FRUTO DE ARREPENTIMIENTO

Para los judíos del tiempo de Jesús arrepentimiento significaba una completa rendición de su voluntad y un cambio de conducta total: una nueva forma de vida, no sólo una opinión diferente. Los rabinos sostenían que Isaías 1.16-17 describe nueve actividades relacionadas con el arrepentimiento: empezando con una limpieza interna, el arrepentimiento se manifiesta a continuación en actitudes y acciones (2Cr 7.14). Isaías 55.6-7 presenta la incitación del AT a la salvación, y el arrepentimiento es un elemento clave (Jon 3.10).

Los frutos del arrepentimiento son descritos en Lucas 3.12-114. En otras palabras, ha de haber un cambio sincero en la propia forma de vida. Uno que está auténticamente arrepentido dejará de hacer lo malo y empezará a vivir rectamente. Además de un cambio de mente y actitud, el verdadero arrepentimiento inicia un cambio de conducta.

También Pablo consideraba las buenas obras como prueba de arrepentimiento (Hch 26.19-20).

EL EVANGELIO Y EL ARREPENTIMIENTO

Ninguna evangelización que omita el mensaje de arrepentimiento puede llamarse con propiedad evangelio, porque los pecadores no pueden acudir a Jesucristo sin un cambio radical de corazón, mente y voluntad. Esto requiere una crisis espiritual que lleve a un giro total y, finalmente, a una transformación completa. Esta es la única clase de conversión reconocida por la Biblia.

John MacArthur, de su libro “El Evangelio según Jesucristo”.

 
 

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